El Defensor del Pueblo, la institución más desvergonzada del sistema

De todas las instituciones y chiringuitos creados por los políticos en la falsa democracia española, ninguno es tan indecente, engañoso y corrupto como el del Defensor del Pueblo. Cualquier política de regeneración en España debe colocar la reforma del Defensor del Pueblo en primera línea porque es una institución llena de carencias, engaños, trucos y traiciones al pueblo y a la democracia.

 

Esa figura está cargada de descaro y constituye una provocación del sistema que en cualquier país de Europa seria intolerable. Creados para defender a los ciudadanos de los políticos, dependen, sorprendentemente, de los políticos, que son los que lo eligen y controlan. Los defensores del pueblo son fantoches creados para engañar a los ciudadanos, que en lugar de defender al ciudadano contra los abusos de los políticos y sus partidos, defienden a la clase política de los ciudadanos, que miles de veces son maltratados con impunidad y sadismo.

Francisco Fernández Marugán, Defensor del Pueblo español

Los defensores del pueblo más complacientes con los políticos son reelegidos una y otra vez, mientras que los combativos sólo duran un periodo y son rápidamente reemplazados. Esa es la prueba más sólida para demostrar la falacia que envuelve a la figura estafadora del defensor. Si alguien lo duda, que le pregunte a Chamizo, antiguo defensor del pueblo de Andalucía, reelegido una y otra vez hasta que un día tuvo la osadía de criticar a sus amos.

Todas las Autonomías tienen su propio Defensor del Pueblo, conectados con el Defensor del Pueblo a nivel nacional. Las decisiones y dictámenes que adoptan los defensores no son vinculantes y por lo tanto son papeles mojados, que no se tienen en cuenta. Son meros informes, recomendaciones y observancias, con los únicos objetivos de llamar la atención a los poderes públicos y políticos. Los defensores son elegidos por los partidos que conforman cada parlamento, sin participación alguna de los ciudadanos y su labor se despliega en la política, de espaldas a la sociedad civil.

Es otra falacia y mentira más de los políticos españoles, por cuanto supone, para los ciudadanos y contribuyentes, múltiples gastos inútiles y superfluos, despilfarros, y nidos de políticos fracasados y sin perspectivas. Ningún defensor del pueblo ha aportado nada positivo a la democracia en España. Operan con opacidad y falta de transparencias, lo que agrava su estafa a los ciudadanos. Son tan marginales, que ni siquiera los dictámenes que emiten tienen fuerza jurídica ni autoridad moral alguna y mucho menos pueden ser determinantes en las decisiones políticas. Es otra más de las muchas Instituciones públicas, creadas por los políticos que no sirven para nada. Son potencialmente geniales y necesarias en las democracias, pero en la práctica sólo son instituciones deficitarias, costosas, vacuas y pusilánimes para los nulos y deficientes resultados que obtienen.

El actual defensor del pueblo en España es Francisco Fernández Marugán, un socialista histórico de lealtad indiscutible a su partido. El andaluz es Jesús Maeztu, un antiguo sacerdote muy cercano al PSOE, pero su labor ha gustado tanto a la derecha, que ahora gobierna Andalucía, que lo ha reelegido. He preguntado a varios miembros del PP, en el gobierno, sobre por qué no se cambiaba al defensor del pueblo andaluz y la respuesta siempre fue la misma ¿Para qué cambiarlo si funciona?. Por supuesto nadie preguntó nunca al pueblo andaluz si su defensor funciona o no. Los políticos son los únicos amos del defensor.

Jesús Chamizo y llevaba casi dos décadas como Defensor del Pueblo Andaluz, demasiado tiempo en el cargo en democracia. Fue reelegido una y otra vez por la anterior administración socialista hasta que un día cometió el error de criticar a sus amos. Entonces, a pesar de que ese fue quizás el único día que cumplió con su deber, fue fulminantemente destituido. Si hubiera defendido de verdad a un pueblo como el andaluz, oprimido como pocos, atrasado y vejado por el clientelismo, la dependencia excesiva del poder y los abusos corruptos de gente que se llevó casi décadas mandando en Andalucía, los políticos le habrían echado del cargo muchos años antes. El dato es incuestionable.

El sistema es perverso, corrupto y está viciado en su origen porque el Defensor del Pueblo debería ser elegido por ese pueblo al que debe defender. Sin embargo, en España, un país sin ciudadanos donde la democracia fue asesinada cuando nació, son los políticos los que le eligen y destituyen. Es una aberración intolerable del sistema que permite que los defensores del pueblo, que deberían ser «fieras» incómodas en su defensa de los mil veces violados derechos ciudadanos, sean gente cómoda que en realidad defiende el poder. Todo un esperpento en democracia.

¿Qué defensor del pueblo ha alzado la voz para defender a los millones de vascos y catalanes que viven asustados y acosados por el nacionalismo feroz sólo porque quieren ser españoles? ¿Qué defensor del pueblo ha denunciado el robo de herencias que practican los gobiernos de izquierda en España y la vigencia de impuestos confiscatorios e indecentes, como el del Patrimonio, a pesar de que España es el único país de Europa que lo mantiene?.

En teoría los defensores del pueblo son independientes y los políticos deben respetar su independencia a la hora de defender a los humildes de los abusos e injusticias de las administraciones, pero esa independencia es inexistente y los defensores están, vergonzosamente, bajo estricto control de los políticos.

Hay muchos ejemplos de injusticias afrontadas por los defensores del pueblo con dejadez, falta de brío y traición, pero ninguna es tan elocuente y clara como lo ocurrido con el Impuesto de Sucesiones y Donaciones. Las plataformas que luchan contra ese impuesto en Andalucía, Asturias, Aragón y otras regiones han inundado las oficinas de los defensores del pueblo con argumentos que reflejaban el dolor y la injusticia de ese tributo y con miles de firmas de protesta ciudadana sin obtener resultado alguno.

Son más de un millón las firmas recogidas contra ese impuesto ladrón de herencias, inconstitucional y abusivo, condenado por los expertos como una intolerable doble imposición confiscadora que sólo satisface la codicia de los políticos, pero esa marea de protestas, que incluye manifestaciones en decenas de ciudades, no han logrado conmover a los defensores del pueblo ni romper su indiferencia frente al dolor.

El defensor del pueblo nacional, al igual que los autonómicos, a pesar de que casi la mitad de las quejas que reciben son relativas al robo de herencias, se han limitado a lanzar palabras de aparente consuelo a las víctimas y a colocar el asunto en el circuito burocrático habitual, que consiste en preguntar a los ministerios y consejerías correspondientes sobre el asunto, trasladando después las respuestas a los denunciantes, todo un paripé que no arregla nada, ni representa condena alguna de ese impuesto abusivo y contrario a la Constitución, el más impopular entre los vigentes en España y causante de una oleada de dolor e injusticia a la que nadie se atreve a poner fin.

España es un país puntero en abuso de poder y corrupción, pero los defensores del pueblo son reelegidos una y otra vez por los mismos políticos a los que debe vigilar y fustigar por sus abusos. La lógica dice que si son reelegidos es porque su labor satisface a los políticos, que son los que les eligen y pagan. Su figura se utiliza generalmente para engañar a los ciudadanos haciéndoles creer que alguien les defiende, toda una aberración que clama al cielo. La falsa democracia española está llena de timos, pero quizás el de los defensores del pueblo sea el más hiriente y doloroso

Los defensores, conscientes de que su puesto depende de los políticos, lógicamente deben trabajar para satisfacerlos, una especie de locura surrealista de las muchas que existen en la política española, sucia y podrida como ninguna otra en Europa.

Con los defensores de su parte, la Justicia sometida, la prensa comprada y los escudos policiales defendiendo su impunidad, los políticos en España son depredadores sin control que pueden actuar como fieras dedicadas a la caza de desgraciados sin protección.

Fuente: votoenblanco.com / Autor: Francisco Rubiales

Sanchez y la gran estafa

La democracia española era deficiente e inestable, pero Pedro Sánchez la ha empeorado introduciendo en ella la estafa, el conflicto y la deslealtad a la Constitución.

A los sanchistas les molesta que llamemos estafador a su lider, pero Pedro Sánchez lo es, más allá de toda duda. Prometió a sus electores que nunca pactaría con Unidas Podemos y lo ha hecho, les prometió también que no dependería para formar gobierno con los independentistas y lo ha hecho también y les garantizó que la Constitución sería el marco donde se negociaría, pero él ya ha abandonado la referencia a la Constitución en sus relaciones dependientes y entregadas al independentismo que le apoya, del que depende tristemente su gobierno. Muchos de los que le votaron creyendo en esas promesas se sienten hoy, con toda la razón, estafados.

Engañar a los electores con promesas que luego se incumplen es estafa, aunque los estafadores socialistas no quieran reconocerlo y aunque ese tipo de estafa, prohibidas y consideradas delito en otras democracias más avanzadas y decentes, sean legales en la sucia democracia española.

Sánchez, tras ser elegido, andaba como un pavo real y Pablo Iglesias hasta lloraba de emoción tras haber alcanzado su sueño de ser ministro, pero ambos ignoraban que nunca antes un gobierno llegó al poder en España rodeado de tanta basura y desvergüenza. El comunismo y sus acólitos socialistas y nacionalistas han alcanzado la presidencia después de engañar a los electores y de mentir reiteradamente sobre sus planes e ideas. Técnica y éticamente, Sánchez es un estafador que ha engañado al pueblo y burlado la democracia.

El pecado más grave del socialismo sanchista no es que se haya apoyado en amigos de asesinos, golpistas y totalitarios, para gobernar, sino que ha mentido y estafado, haciendo lo contrario de lo que prometió, Sánchez, mas que un pillo, un truhan y un trilero, es un estafador y esa bajeza descalifica a un hombre para que gobierne una nación europea de hombres y mujeres libres e iguales.

Pero los desmanes que ha hecho para llegar al poder son muchos más: ha destrozado la igualdad y ha dividido España en comunidades de primera y de Segunda, ha abierto las puertas de España al comunismo, que es la doctrina más asesina de la Historia, ha vendido España a trozos, ha abierto las más viejas heridas del odio entre derechas e izquierdas, ha apelado al revanchismo para ganar votos, ha instalado la mentira y el conflicto en el corazón del Estado, ha cedido ante el más atroz nacionalismo vigente e Cataluña, cercano al espíritu nazi, y ha convertido al PSOE en un partido infectado de bajeza y mendacidad.

Sánchez, entre sus muchas mentiras, aseguró que no podría dormir si Pablo Iglesias entraba en el gobierno, pero no sólo ha metido a Iglesias en el gobierno, como viepresidente, sino que también ha quitado el sueño a mas media España, entre ellos a los millones que le votaron engañados por sus falsas promesas,

España, con Sánchez inicia un periplo político que demasiados temen y odian, apoyado en fuerzas desleales, antiespañolas y de escaso apego a la democracia, todo un camino lleno de espinas y obstáculos, un verdadero calvario para España, para Europa, para la democracia y sobre todo para los ciudadanos decentes.

 
Extraido de: votoenblanco.com

España es el país más cobarde del mundo.

La primera conclusión que se extrae del debate de investidura de Pedro Sánchez es que es muy probable que España sea hoy el país más cobarde del mundo. Al menos ningún otro país se ha dejado humillar tanto en democracia por una cuadrilla de gente corrupta y sin valores que desprecia su Constitución y sus leyes.

Nadie se mueve en España ante la agresión de Sanchez y su pandilla, ni sus instituciones defensivas se han activado, lo que permite que los canallas conquisten el poder. Todo está en calma y parece castrado, desde el monarca al Ejército, incluso los partidos políticos y la apática ciudadanía, que se deja dominar por una auténtica manada de corruptos y antidemócratas que amenazan de muerte las libertades, los derechos, la economía y los valores.

Pedro Sánchez, el loco de la Moncloa, parece un castigo del cielo, pero sólo es un producto de la corrupción y de la degradación de un sistema que ha sido dominado, desde la muerte de general Franco, por partidos indignos y corrompidos, habituados a anteponer sus propios intereses al bien común. Sánchez es también un castigo a la cobardía del pueblo español, del que el mundo entero se ríe por su increíble aguante y pasividad ante las cuadrillas que lo gobiernan.

Antes eran los italianos, pero ahora somos los españoles los protagonistas de las burlas y de los chistes de cobardes en todo el mundo. Ante los abusos y humillaciones que el pueblo español está soportando de sus políticos, sin rebelarse, muchos afirman que el español es un tipo «con los huevos de adorno». Y tienen toda la razón porque es difícil encontrar en la historia moderna un pueblo tan manso y acobardado que sea capaz de soportar tanta ignominia y humillación de sus políticos. Si los españoles de las actuales generaciones no conseguimos forzar a nuestros políticos, auténticos piojos humanos, a que adelgacen el Estado, extirpen la corrupción, recuperen lo que sus colegas y amigos han robado y eliminen la legión de ineptos y parásitos que tienen ocupado el Estado, haciéndolo incosteable, inviable, torpe, corrupto e indecente, pasaremos a la Historia como una triste y despreciable manada de cobardes.

Mientras que los ciudadanos sigan votando a sus verdugos, la nación española será inviable. La regeneración pasa, inevitablemente, por una rebelión ciudadana contra esa clase política que les impide despegar y construir una nación próspera, justa y decente.

Los españoles, agobiados por el presente y asustados ante el futuro, miran ahora hacia el pasado para encontrar satisfacción y nutrirse de orgullo, un pasado que fue brillante y heroico, en nada parecido al presente de cobardes.

No es fácil entender cómo el pueblo español, que fue de ejemplar bravura y heroico en el pasado, ha podido caer tan bajo, soportando el dominio de miserables, financiando un Estado gigante y lleno de políticos innecesarios, pagando los impuestos mas injustos y desproporcionados de toda Europa, tolerando la rebelión mafiosa de los catalanes y permitiendo que los políticos, protagonistas de infinidad de abusos, mentiras, sigan sin castigo y gobernando la nación.

Ante ese festival de cobardía sometida, el mundo primero se ha sorprendido y después ha empezado a reírse y a burlarse de los cobardes españoles que se dejan arrebatar sus derechos y se esconden en lugar de impedir que sus recursos terminen en los bolsillos de sinvergüenzas, sin que los desmanes del poder y la injusticia provoquen la lógica e incontenible ira ciudadana que obligue a recular a sus verdugos.

Durante los tres años que viví en Roma como corresponsal de prensa, pude comprobar como los italianos admiraban el «coraje» español. Conocí a un padre italiano que había ingresado a sus hijos en el Liceo Cervantes de Roma «para que aprendieran a ser valientes». Estoy seguro de que no queda hoy un sólo padre en el mundo que sea capaz de dar a sus hijos una educación «a la española», ante el miedo de que se conviertan en despreciables ovejas sometidas al poder inicuo.

¿Qué nos ha ocurrido a los españoles? ¿Cómo hemos caído tan bajo? ¿Por qué guardamos silencio ante las agresiones de la clase política más inepta de Europa? ¿Por qué no hacemos valer nuestra condición de soberanos de la democracia y ponemos firmes a esa pandilla de políticos que nadan en el error, la torpeza, el abuso, la corrupción y la insolencia? ¿Por qué hemos consentido que una banda vulgar de malos políticos llegue al gobierno, rodeada de enemigos de España, de comunistas y nacionalistas llenos de odio? ¿Que nos ha hecho tan cobardes y sumisos? ¿Dónde está la rebeldía y la dignidad de este pueblo que llegó a ser admirado y temido en el pasado?

Hemos soportado como esclavos sin dignidad que gobiernos mediocres arruinen en pocos años nuestra economía, que era la envidia de todo Occidente. Hemos permitido que la pandilla de inútiles que nos gobiernan se endeuden hasta hipotecar nuestro futuro y el de nuestros hijos. Lo toleramos todo y parecemos un pueblo de borregos acobardados. Bajamos los ojos como ganado humillado cuando les vemos circular en sus rutilantes autos oficiales. Nos están llevando a la ruina y al fracaso, pero les admiramos en silencio y cada día permitimos que nos deslumbren en los telediarios. Sabemos que muchos de ellos deberían estar en la cárcel, pero les agasajamos cuando acuden a los actos públicos y permitimos que se sienten en las tribunas, que destaquen como héroes, cuando sólo merecen nuestro desprecio y ser arrojados del poder por su torpeza, por su mediocridad, por sus inmensas corrupciones, por los estragos que causan al pueblo y a la nación.

Hemos permitido que los políticos incumplan a diario los códigos de la decencia, que maltraten la misma Constitución y que asesinen la democracia, sustituyéndola por una ilícita oligocracia de partidos. Hemos guardado un silencio despreciable ante las «listas negras» de empresas y personas represaliadas por los políticos, a los que jamás se les daban subvenciones o ayudas. Hemos convivido a diario con la indecencia que representa intercambiar concesiones públicas por comisiones ilegales. Hemos soportado sin rechistar que nos subyuguen, que sometan a la sociedad civil, que la desarticulen y que la ocupen, que todo esté lleno de políticos y sindicalistas ineptos. Hemos vuelto la mirada cuando los políticos han alimentado el monstruo nacionalista catalán y vasco con concesiones y ventajas que rompen la unidad y hasta hemos soportado que a los que amaban a España en esas regiones se les margine, acose y persiga.

Han ocupado las universidades y han comprado la cultura con el dinero de todos. Hemos doblado la rodilla como bellacos cuando los políticos, con el dinero público, han silenciado a los medios de comunicación y les han hecho cómplices de la mentira, de la manipulación y del engaño. Hemos callado ante atrocidades e injusticias que ningún pueblo noble debería haber soportado jamás: concursos públicos amañados y otorgados a dedo, a empresas de amigos, recaudadores de los partidos políticos practicando la extorsión silenciosa entre las empresas, millones de euros entregados a los sindicatos y a la patronal para comprar silencio y apoyos ilícitos, delincuentes disfrazados de alcaldes y concejales cobrando comisiones a cambio de legalizar el urbanismo salvaje, agresiones al principio de igualdad de oportunidades, que los puestos de trabajo públicos sean para los familiares y amigos de la «casta» política, que repartan el dinero público como tahúres, que conviertan a las administraciones públicas en gigantescos aparcamientos de lujo, donde cientos de miles de inútiles y aprovechados ordeñan al Estado cada día, sin aportar nada a cambio.

Pero a quien más hemos consentido es al presidente del gobierno, un tipo sin prestigio, que ha perdido hasta el respeto de sus colegas internacionales, que lo soporta todo con tal de seguir en el poder, al que hemos dejado practicar todo lo que degrada y hace ignominiosa la política, desde la mentira reiterada hasta el engaño a los ciudadanos, desde la compra de votos con dinero público hasta sellar pactos con partidos antiespañoles, sin otra justificación que mantenerse en el poder. Hemos permitido, sin alzarnos contra él que abra las puertas del gobierno a comunistas totalitarios y a desleales que odian a España, que despilfarre nuestro dinero, que hipoteque nuestro futuro, que convierta la política española en un estercolero y que se niegue como un niño mimado, caprichoso e insolente, a adelgazar el Estado, a suprimir ministerios innecesarios, a licenciar a los miles de asesores inútiles y a los cientos de miles de parásitos superfluos que viven del erario público sólo porque son amigos del partido, familiares de políticos o gente a la que hay que comprar la voluntad.

Si personajes del pasado, de cuando España era un pueblo pujante y decente, como Miguel de Cervantes, Gonzalo Fernández de Córdoba, Blas de Lezo o Ignacio de Loyola, levantaran la cabeza de sus tumbas y miraran nuestro humillante presente, nos escupirían con razón, cargados de desprecio, y no identificarían en los españoles de hoy a los hijos de la vieja patria, descendientes de aquella austeridad y valor que hicieron retroceder al mundo ante nuestro avance. El espectáculo que los españoles de hoy ofrecemos ante el mundo, soportando la bota de una de las más incapaces y dañinas «castas» políticas del mundo, con un loco al frente de la Moncloa, es bochornoso, digno de desprecio y cargado de oprobio.

¿Se puede ser más cobarde. más ruin y más esclavo que un español del año 2020? Imposible.

«Artículo de nuestro amigo y compañero F. Rubiales»

Verdugos del Pueblo

El balance de logros y fracasos de nuestros políticos demuestra que son los verdugos del pueblo, los que nos acribillan a impuestos, los generadores de injusticias, abusos, arbitrariedades y los que más que solucionar problemas los crean. Elegir a nuestros enemigos creyendo que elegimos a los mejores para que nos conduzcan es el mayor error de nuestro mundo, la mayor paradoja y el esperpento más estúpido. Cada vez que acudimos a las urnas elegimos como representantes y entregamos el inmenso poder del Estado a personas que no ofrecen garantía alguna de decencia y buena conducta, sin la preparación suficiente, más leales a sus partidos que a la nación, sin capacidad para solucionar problemas y suciamente inclinados a cometer arbitrariedades, abusos y corrupciones.

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